VARados
Por el propósito mal logrado de un deporte menos “injusto”, el VAR nos condena a la angustia de un fútbol castrado
Destesto el VAR.
Pero me encanta el fútbol, y creo que el rencor al VAR, particularmente con el fuera de lugar, viene justo de su contradicción con la naturaleza de un deporte que vive de ser móvil, continuo y ambiguo: la pretensión de juzgar con precisión nanométrica el instante exacto en que se detiene el movimiento, una decisión que, en el fondo, siempre será subjetiva.
Imposible un mejor ejemplo del desastre que es el VAR que el robo del gol anulado a Davinson anoche.
Descelebrada no hay.
Tanto me he empeñado en entender cómo aprovechar esa naturaleza “continua” del fútbol (la que lo hace tan distinto, y en la mayoría de los casos mejor, que deportes que se pueden partir en eventos “discretos” como el tenis, el béisbol, el baloncesto o la NFL) que a eso le debo mi trabajo de grado en Economía e Ingeniería Matemática: ver si los puntajes de FIFA, que además de un videojuego son, en el fondo, un “modelo matemático” de cómo funciona el fútbol, podían cerrar la brecha que el fútbol arrastra frente a otros deportes en analítica.
Entre el VAR y ahora las pausas comerciales que nos pretenden vender impunemente como cooling breaks, la FIFA está desnaturalizando lo que precisamente hace especial al fútbol.
Aprovecho para reciclar y reproducir lo que escribí en el pasado mundial sobre el tema:
Tan horrible que es el VAR, y nosotros ya tan tristemente acostumbramos a todos los males que trae. Este Mundial hemos visto, nuevamente, la presencia de incontables goles que se quedan innecesariamente en suspenso, quitándole la gratificación inmediata al suceso sobre el cuál gira toda la emoción de este deporte, donde nos quedamos sin saber cuál es el momento correcto para dejarlo todo salir. Innumerables goles castrados. ¿Vale la pena someternos a esta amargura?
La “Mano de Dios” de Maradona, uno de los momentos más icónicos de la historia del fútbol, es un perfecto ejemplo del tipo de eventos que le dan justificación - en su concepción idealista - al VAR: decisiones arbitrales erróneas que impidieron que se impartiera “justicia” en el campo de juego – como si eso en realidad existiera -.
Sin embargo, en este Mundial se ha podido constatar otra vez cómo la aplicación del VAR dista enormemente de su noble fin inicial. Y aunque siempre habrá quien alegue que esto se debe a una fallida implementación, la actual idea que se tiene del VAR es irreconciliable con elementos esenciales de nuestra concepción del fútbol. Su modelo necesita cambiar.
Por un lado, está el evidente entorpecimiento que el VAR ha traído al ritmo de juego. Aunque sistemas de revisión similares al VAR son utilizados exitosamente en la ATP, NFL o NBA, los deportes de estas organizaciones tienen una diferencia crucial con el fútbol: su desarrollo se da en eventos “discretos”, mientras que el fútbol es continuo. El baloncesto se puede dividir y analizar en posesiones, el fútbol americano en downs y el tenis en puntos. El fútbol, por el contrario, no: su desarrollo es fluido, imposible de disecar en eventos periódicos, lo cual le da a cada partido un ritmo propio e inimitable. Por esto, a diferencia de lo que podría suceder en otros deportes, el VAR logra dar en la yugular del fútbol: las pausas eternas a la espera de una decisión asfixian las emociones del ritmo natural del juego.
Pero hay otro problema, probablemente más grave: el VAR da la posibilidad de que en algunos casos se sigan tomando decisiones arbitrarias. En el fútbol americano, por ejemplo, solo se pueden revisar jugadas que impliquen criterios objetivos, como tener los dos pies dentro de la cancha. El VAR, por el contrario, ha decidido no acotar su dominio. Así, por más cámaras que haya, habrá decisiones que seguirán recayendo en el criterio subjetivo del árbitro. Las decisiones del VAR siguen siendo humanas, y mientras sigan siendo humanas, podrán ser erradas.
¿Hasta qué punto vale la pena que el VAR entorpezca el ritmo de juego en busca de “justicia”, si cabe la posibilidad de que se sigan tomando decisiones arbitrarias? Este Mundial hemos visto nuevamente la presencia de fueras de lugar milimétricos que nadie había reclamado, al igual que penales cobrados con ayuda del VAR con los que la mayoría de las personas no estuvieron de acuerdo de todas formas.
Sería bueno que algún día la FIFA imitara al tenis o al fútbol americano convirtiendo el VAR en una implementación por “retos”: que solo se acuda a él cuando un equipo lo pida y que cada equipo tenga un límite de “retos” al VAR por partido. Puede ser una solución para evitar parte de los males del VAR y mantener algunas de sus ventajas. Mientras tanto, aunque probablemente menos “injusto”, el VAR nos seguirá condenando a la angustia de un fútbol castrado



